Jaime Morales
Como diría aquella canción, hay yo no olvido el año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas... creo que a todos, de alguna manera, nos ha dejado muchas cosas buenas y malas. Pero como dice Dios en su palabra, que debemos de darle gracias en todo, y en verdad hay que hacerlo. Aunque muchas veces nos cuesta. Como cuando mi madre marchó a la presencia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, un 3 de abril ya hace más de 13 años. Ya en ese tiempo Jesús había entrado en mi corazón. Él me ayudó a estar de alguna manera más tranquilo, pero les puedo decir que me dolió mucho, todos los fines de semana yo llegaba al cementerio a visitar la tumba de mi madre, a llorar y a platicar con ella, cosa que no hice cuando estuvo con vida, y le decía: “Cuanto daría porque estuvieras aquí y poder llevarte a comer lo que te gustaba y poder salir contigo”, pero luego me reía y le decía: “Qué mentiroso soy, ya que estoy seguro que si estuviera aquí, sería el mismo de antes”. Todo esto fue entre los meses de abril y diciembre, ya que al llegar el 31 de diciembre, fecha en que mi madre cumplía años, nos juntamos en el cementerio mis hermanos y mi abuela materna, después de arreglar las flores y de lavar el mausoleo, mi hermano mayor le dijo a la abuela que si podía hacer una oración y ella accedió con gusto.
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