| ABORRECER LA MENTIRA |
| Editorial |
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Guatemala, Febrero de 2010 De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, el término “mentira” es una “expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”, mientras que en psicología se considera la mentira como “faltar a la verdad a sabiendas. Una afirmación falsa que crea una idea o una imagen también falsa”. Sin embargo, el aspecto más dañino de la mentira es que suele desencadenar una serie de mentiras adicionales puesto que el sujeto inconforme consigo mismo, necesita falsear la verdad para dar una imagen diferente, ocultarse tras una máscara o disfraz inconsistente, que resulta más fácil que mejorar y superarse de manera auténtica. Traemos el concepto de la mentira a colación porque creemos firmemente que es una de las principales razones por las cuales Guatemala se ha degenerado en un país no confiable, somos un pueblo plagado de mentiras y falsedades, hasta tal punto que aun cuando la verdad finalmente sale a luz, los guatemaltecos no la creemos, tal y como sucede con el caso Rosenberg. Un destacado periodista dijo hace algunos años, “periodísticamente hablando, la verdad no existe, sólo existe la versión más completa de las cosas”. Puede que tenga razón, sin embargo, bajo ningún punto de vista puede considerarse como completa ninguna versión que contenga una mentira, o sea una “expresión contraria” a lo que el periodista sabe. Un punto muy importante para tomar en cuenta al analizar lo sucedido en la cobertura mediática del falso testigo que pretendía responsabilizar a la cúpula del Partido Patriota por el asesinato de Rodrigo Rosenberg. Sin duda, una mácula para la prensa nacional. Los guatemaltecos, y latinoamericanos por lo general, dudamos de todo, ya no creemos en nada, porque estamos tan acostumbrados a que el engaño, el timo, la estafa, y hasta el falso testimonio nos esperen a la vuelta de la esquina. Sin duda la práctica de la mentira abunda en la clase política, en donde desfilan las promesas rotas, los tratos burlados y el abandono de lo acordado; en donde los funcionarios se esconden hasta de sí mismos, pero la mentira no es un mal hábito exclusivo de ellos, está impregnada hasta en lo más profundo de nuestra sociedad y ya no nos sentimos capaces de confiar en nadie, en ninguna persona, en ninguna institución. Los recientes casos que han sacudido en años recientes a la población, háblese de la debacle económica mundial, del caso Rosenberg, el caso Portillo, etcétera, han servido de ejemplo, entre muchas otras cosas, de cómo la mentira juega un papel protagonista en el desarrollo de nuestra historia. En todos los casos se han difundido un sin número de versiones y se han falseado tantas pruebas que ya ninguna resulta convincente. Incluso hemos llegado a dudar de la certeza del ¡calentamiento global! Muchos prefieren ignorar la verdad y vivir la mentira, olvidando que ésta no es duradera. La única manera de construir un mejor futuro es sobre los cimientos de la verdad, y eso solo lo podemos lograr empezando por nosotros mismos. Ya basta de que el guatemalteco y el latinoamericano sean sinónimos de incumplimiento, impuntualidad y de intenciones escondidas. Es momento de hacer de nuestra palabra una de roble, que sostenga la verdad, que sea inconfundible e incorruptible. Para hacer de nuestra Guatemala una mejor, necesitamos retomar estos principios fundamentales, volver a la rectitud, negarnos a la tentación de solamente falsear un cambio y debemos enfrentarnos a la ardua tarea de cambiar verdaderamente nuestra forma de pensar y de actuar. Para encontrar la luz hacia una Guatemala nueva, necesitamos amar la verdad y aborrecer la mentira, en palabras de nuestro señor Jesucristo: “que tu sí sea sí, y tu no sea no”. Eso, lo dice todo.
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