| MÓNICA DO BRASIL |
| Gastro Sex & Sound |
Guatemala, octubre 2009Tequila y pinchos Por Edy bol Y allí estaba, parada en la puerta de su casa parecía una vikinga más que una carioca. Subió a mi carro y yo, que ya venía algo bohemio de tanta parranda, puse un poco de Pink Floyd. Cuando Roger Waters se pasó de la cuota aceptable de sarcasmo me arrepentí y busqué el dial del radio, ella me detuvo. La loca de Mónica, me regañó y le subió el volumen. Yo me concentré en sus piernas bronceadas cruzadas entre la minifalda oscura que combinaba tan bien con el sillón de mi carro.
Vamos a comer carne, me dijo, no sé si a manera de mensaje subliminal, pero me quitó la presión de decidir a dónde iríamos. ¿Adónde? La Churrascaría do Brasil. − No me extrañó.− Nos dirigimos a la 6ta Avenida 14-09 en Zona 9, y en el camino me pintó un cuadro tan excitante de pinchos con carne y brasas, y sobre todo es concepto de “coma toda la carne que quiera”, que yo casi cambio el rumbo. Ya en el restaurante observamos a través del cristal como se asaba la carne, aunque la espera se convirtió en tortura, yo aproveché para pedir unos traguitos, entre los cuales se nos ocurrieron unos tequilas 1800 que más parecían 3200. Mientras la carne se asaba, la plática subió de tono y Mónica ya había pasado de rozar mi pierna con la suya a sobarse abiertamente. Su pelo olía a vainilla y trajeron el pincho. ¡Salud por Brasil! Del pincho gigante hicieron los cortes directamente, y aromas embriagantes surgían desde todos los ángulos. Tuve que hacer el esfuerzo de no apresurar la comida, aunque estaba deliciosa, ambos ya teníamos algo en mente. Las brasileñas tienen una manera de ser que apenas escapa de asustarme, la soltura con la que se manejan y la comodidad con la cual abarcan cualquier situación me hace preguntarme por qué nunca me quedé después del carnaval, probablemente no hubiera regresado. Terminamos la cena y todavía pedí unas cervezas para saborearme el momento. Ella batía su pelo rubio en mi cara y me miraba con ojos de cachorrita. Al oír de las fiestas en Brasil, comprendí a lo que me estaba enfrentando. ¡La cuenta amigo! Esa noche regresamos a mi apartamento, no tuve que preguntarlo. Entramos bailando apretados aunque no tuve tiempo de poner música. Cuando pude contemplar la magnitud de lo que estaba haciendo, ya estaba hecho. Las piernas de Mónica me rodearon toda la noche, parecía la mujer de 4 piernas. En la mañana me levanté temprano y sonriente la desperté con un beso que ella recibió como que me estuviera esperando, waffles y brasileña para el desayuno, a la luz del día y entre mis sábanas me hizo olvidar que era lunes y volvimos a empezar.
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Guatemala, octubre 2009







