| AMOR EN TIEMPOS DE LA CIANOBACTERIA |
| Gastro Sex & Sound |
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Edy Bol
De acuerdo a la Real Academia Española, el término “nostalgia” expresa una “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. Que definición tan precisa para lo que hemos estado sintiendo los guatemaltecos por la agonía de nuestro lago Atitlán. Pero no todo está perdido, mientras haya amor sobre la tierra las cosas aún pueden cambiar.
Que introducción tan cursi me eché, pero que me disculpen mis lectores pero no soy infalible y, como puede percibirse, estoy enamorado… y qué? Ahora bien, eso no quiere decir que no pueda ofrecerles un suculento relato gastronómico y, ¿por qué no?, sexualón. Si todos hacemos ambas cosas, o usted papá o usted mamá, ¿no le gusta comer rico o coger rico? ¡Seguro que sí!, a todos nos gusta, aunque algunos tontamente crean que tienen que disimular las ganas y hacerse los babosos que disfrutan tanto la mesa como la cama. Recientemente, en el blog de GastroSex en www.revistayque.com, a partir de mi anterior relato en el que les conté que ahora tengo novia y les describí cómo nos conocimos, una apreciable lectora cuestionó qué tanto yo podría valorar a mi novia si se acostó conmigo la misma noche en que nos conocimos, “no sé que aprecio pueda tener usted de una mujer que en unas horas se va a la cama con usted, pienso que eso no es amor sino más bien "calentura" ” se leía. Inmediatamente llegó la respuesta a su comentario por parte de otro apreciable lector que, de una forma un tanto a lo “macho”, le señaló de ser una hipócrita ya que su experiencia ha sido que “las mujeres (y en eso las chapinas ganan por goleada) que más presumen de pudorosas y correctas son las primeras que le meten la mano en el pantalón a cualquier forastero”. Yo, aunque entiendo que no necesariamente sea una buena señal para iniciar una relación sólida el que saltemos a la cama inmediatamente, creo que eso no es determinante y que a veces maravillosas cosas ocurren a partir de lo que empezó como “calentura”. Por otro lado, comparte en gran parte la opinión de que en Guatemala muchas mujeres, cada vez menos afortunadamente, pretenden proyectar una alta “calidad humana” mediante la sobrevaloración de inútiles y obsoletos códigos de lo que asumen como la “conducta apropiada”, llegando a perderse mucho de lo que la vida les ofrece. Y no se trata de ser superficial, se trata de vivir la vida a plenitud y con intensidad. He conocido a muchas personas que, cercanas a su fin, han reflexionado sobre cuánto dejaron de hacer y de gozar por preocuparse por el “qué dirán” o lo que es “correcto”. Yo prefiero, en todo caso, amar más y juzgar menos. Por eso, antes de que esta página se acabe, no quiero dejar de contarles un poco de las vivencias que he tenido en los últimos días que, una vez consultada Mariajo (¡mi novia!) al respecto, puedo contarles sin tapujo alguno… Pues bien, el lago está mal, no se puede ni se debe ignorar, pero aun sigue imponiéndose en la escena y motivándonos a unirnos y luchar juntos. A veces pienso que el lago nos está dando una lección, que salir juntos de esta crisis es más necesario para nosotros los guatemaltecos que para el manto acuífero. Hay mucho por ganar en esta contienda, así que un fin de semana antes de sumarnos a un esfuerzo más concreto para rescatar el lago, como una especie de ritual para inspirarnos y llenarnos de energía positiva, fuimos hasta San Marcos La Laguna para una noche muy especial. Después de un breve recorrido en lancha llegamos a la ladera rocosa de San Marcos, ahí, preferimos pasar de largo el muelle y descendimos sobre unas grandes rocas para luego trepar una pared natural de piedra, un tanto alta pero con pequeños trozos de sendero que facilitaban un poco el asenso. La vista al llegar arriba es impresionante, un lugar perfecto para la contemplación. Por la tarde hicimos un recorrido por varios de los restaurantes de San Marcos, y aunque puedo decirles que pude disfrutar de un exquisito humus y una deliciosa pasta al pesto, además de una variada selección de té, lamento informarles que la mayoría de lugares limitan su oferta a la cocina vegetariana. Sin embargo, lo pintoresco que sorprende en cada rincón de ese pequeño pueblo, compensa la falta de carne y buen vino. Por la noche, cuando el pueblo dormía, María José y yo nos dispusimos a lo que íbamos y regresamos a aquella punta rocosa. Estaba oscuro pero todo se percibía perfectamente, la luna y su reflejo en el lago, las luces de los pueblos que lo rodean, el susurro del agua, la fricción de la naturaleza con nuestra piel, el jugueteo del viento con el pelo de Mariajo mientras se mecía encima de mí. Fue una experiencia más que sexual, sublime, casi espiritual. Hacer el amor mientras sientes que estás suspendido, en absoluta intimidad, como sobrevolando el agua… ufff... como cuesta describirlo. Pero en definitiva, sin temor a equivocarme, les puedo asegurar, que esa noche, le hicimos el amor al lago de Atitlán.
Comentarios (2)
![]() escrito por ManueLatinoamérica, diciembre 02, 2009 escrito por Juan Pablo, diciembre 13, 2009
tiene que vsitar mi boggler, esta interesante
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Saludos Edy y adelante con tus relatos libertinos en medio de tanto puritano.