| UNA FIESTA SORPRESA |
| Gastro Sex & Sound |
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Junto al menos una docena de brasileñas… Me vine a la capital en una carrera para hacer un trámite, como no demoraría, mi novia, María José, quedó en el lago de Atitlán, donde estaba muy contenta con la gente y la atmósfera del lugar. Esa noche me quedaría en casa de un amigo, quien me invitó a echarnos unos traguitos en algún barcito de la zona viva.
Esa noche de lunes, la mayoría de calles estaban desiertas, pero al pasar por el bar Bajofondo, vimos que estaba abierto, aunque la puerta se encontraba cerrada. Bajamos del carro y entramos, lo que encontramos adentro fue algo que nunca hubiera imaginado, era como estar en medio de un sueño húmedo adolescente: en una fiesta de modelos brasileñas, parranderas y medio locas. Aquello parecía un anuncio de televisión, de hecho, muchas de ellas eran el rostro de alguna campaña publicitaria de cerveza u otro producto. Vestían shorts, faldas cortas y jeans apretados, algunas resaltaban su busto con un escote exuberante o con una blusa casi transparente, todas brincaban y cantaban con un trago en la mano. La gente se trataba con cierta familiaridad, ya que era una fiesta a “puerta cerrada” a la que sin saberlo, nos acabábamos de colar.
Pedí una cerveza y me senté a disfrutar del ambiente, observaba una por una a las bellas mujeres que bailaban y reían, mostrando los atributos que Diosito tanto se esmeró regalándoles. La puerta se abre y entra una amiga que yo no esperaba encontrar; cuál habrá sido mi suerte: Julieta, era también modelo. Me abrazó con fuerza mientras gritaba frases alegres que no se escuchaban por la música. Nos dirigimos a su mesa, donde sus amigas la estaban pasando muy bien, nos saludamos y empezamos a bailar. Cuando esos cuerpos perfumados se rozaban con el mío y el cabello largo rozaba mi cara, casi olvido que ya no soy soltero, casi, pero no. Aunque no me fue fácil resistirme a la naturaleza.
Pronto yo ya tenía cuenta en el bar, y el bartender sacaba cervezas rusas, de sabor suave y patada fuerte, para todos los dichosotes presentes. Mi amigo bailaba con una rubia en shorts de manera envidiable, estábamos hechos; sin importar qué sonara, regaetton o chumbawamba, la fiesta reventaba. Julieta y yo habíamos agarrado confianza y discutíamos un plan de salir fuera de la ciudad, aunque yo sufría al saber que me sería imposible cumplirle, acaricié la idea de un encuentro. Finalmente, por mucho que me resistía, la situación me llevó a darle un beso que debió haberle gustado, pues me lo devolvió con ganancias. Estábamos sentados en un sillón para entonces, cuando mis viejas costumbres salieron a relucir y mientras le susurraba cosas al oído, mis manos se paseaban delicada y disimuladamente por su figura. Rápidamente recorrí sus piernas, mientras ella presionaba su espalda contra mí y extendía su mano hacia atrás, fue algo que no olvidaré fácilmente. Nuestra química era fuerte, y yo no creía mi suerte, allí estaba: una mujer de calendario con ganas de perderse conmigo, y yo haciéndome el loco; en ese sentido, no tengo nada que agradecerle a la monogamia.
La fiesta terminó, una vez afuera, ella me llamó cariñosamente, guiñando el ojo y diciendo: - “Vamos al after”. – Con la confianza que la seguiría, pues, ya habíamos tenido cierto roce. – “Sabés que me encantaría, pero mañana temprano regreso al lago, y me están esperando allá. ¿Talvez la próxima vez que vuelva?”- Ella encogió los hombros, me dio un gran beso en la boca, y se fue algo extrañada. En ese momento, me sentí culpable a la vez por haberla besado y por no haberme ido con ella. Esperé recostado dentro del carro a que mi amigo saliera, contando mis bajas y muy consciente de que tenía que encarar lo que había sucedido e informarle a mi Maríajo de que casi resbalé pero ni tanto, ya les contaré cómo me fue.
Finalmente, cuando mi amigo apareció tenía la boca manchada de rojo y traía una sonrisa enorme, casi endiablada. Abrió la puerta, saltó sobre el sillón y dijo: – No vas a creer lo que me acaba de pasar. – Sí te creo. – Contesté riendo, y arranqué el motor.
P.D.: Estoy consciente de que en esta ocasión les fallé a mis lectores en deleitares con alguna experiencia gastronómica, pero estoy un poco a dieta después de las fiestas de fin de año. En febrero les tendré seguro una experiencia exquisita.
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Guatemala, Enero 2010







