| PARA CHUPARME LOS DEDOS |
| Gastro Sex & Sound |
Guatemala, Febrero de 2010Ya era hora de darme el gusto Edy Bol Hace días que se me antojaba agasajarme con una buena comida, después de darle algunas vueltas, recordé que tenía tiempo de no visitar uno de mis restaurantes favoritos de la zona 10, “Donde Mikel’s” es pequeño, íntimo y sobre todo, lo suficientemente estimulante como para alejarme de ciertas ideas que rondaban mi mente. Llegué temprano, ya que Lordy Badiola, el talentoso Chef del lugar, cierra la cocina como a las cuatro, después de haber deleitado hasta el hartazgo a la gente que siempre llena el restaurante a la hora del almuerzo. Apenas me acomodé en la silla, acudió una mesera chaparrita que de repente se me antojó como entremés. Dejando eso a un lado, sin más ni más empecé pidiendo un buen vino, Marqués de Cáceres Reserva, el cual me trajo pronto la chaparrita, vertiéndolo generosamente en una copa mientras me mostraba las finas perlitas de sus dientes. Su delicado, aunque robusto cuerpo me dio ganas de llenarme la boca, aunque me resistí a la tentación porque con mis años he comprendido que las cosas siempre saben mejor de a poquitos. Al vino me refiero, que lejos de darme una patada al final, fue como una caricia al paladar. Me entretuve leyendo el menú un rato, saboreando mi copa y mirando a mi alrededor; aunque ya sabía lo que quería: un buen mar y tierra como sólo en la cocina de Donde Mickel´s saben preparar. Lo pedí entonces y pronto venía de nuevo la mesera, inclinándose levemente al sortear las mesas, balanceándose usando mi plato sobre la charola como contrapeso. Cuando lo puso en mi mesa estallaron mis sentidos, el aroma de la carne y mariscos hicieron que me salivara, mientras que los colores intensos detrás de la capa dorada de los camarones al ajillo me obligaron a ensartarle el tenedor. La anticipación al acercar ese primer bocado a mi boca me recordó a María José, mientras nuestra ropa se amontonaba en el piso. Las delicias de la vida. Sorteado ese primer tenedorazo, el corte grueso de la carne llamó mi atención, con un ligero espolvoreado de esos condimentos sobre los que traté de interrogar a Lordy en algún momento y él sólo se limitó a sonreír con satisfacción, negándose a contestar, atribuyéndolo a algún secreto de los que no se comparten. Lo que pude descifrar es que lo empapa en un tipo de líquido preparado a base de especies y ajo que se mezcla con los jugos de la carne, por eso yo pedí la mía a ¾, para darme gusto con un buen plato jugoso, así como para remojar el pan. Bajado con el buen vino que me trajo la chaparrita, al rato empecé a comer los camarones ya pelados como a mí me gusta. Pegándoles grandes mordidas recordé también cómo agarraba las pantorrillas de Mariajo, entre pataleos, dientazos y carcajadas. Tiempos aquellos, ahora pocas cosas me entusiasman, aunque debo admitir que una de ellas es el nuevo giro que ha tomado Into the Woods, concepto que agrupa el arte, muebles auténticos y piezas artísticas contemporáneas en ambientes increíbles. Ahora, con esta reedición, invitan a un renombrado chef, con utensilios, personal y todo, cada dos semanas, con la intención de innovar en el arte culinario. Se auto describe como un festival sensorial para el público con alta sensibilidad y buen apreciador de las cosas buenas. Pues yo creo que entro precisamente en la anterior descripción y es por eso que estoy absolutamente entusiasmado. Ahora sólo restará ver a quién invitar, pues si recuerdan mi fiesta del mes pasado, les cuento que Maria José terminó conmigo, deplano que así es la vida, para un “apreciador de las cosas buenas”. Agarro aviada y nos vemos en la próxima con un encuentro más sex y menos gastro. Lo prometo.
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Guatemala, Febrero de 2010






