| VEGETARIANISMO |
| Guau Miau |
Guatemala, Marzo 2010Adriana Martínez Un Estilo de Vida Hace unos días ofrecí una conferencia a jóvenes universitarios respecto al trato humanitario que debemos darle a los animales y al final, en la sesión de preguntas y respuestas, un joven de alguna manera relacionó el tema con la ingesta de animales y me cuestionó si yo comía carne, a lo que respondo que no, no como carne; alguien más pregunto si comía huevos, a lo que respondo que no, no como huevos; después alguien pregunta si tomo leche, a lo que le respondo que no, no tomo leche. Y finalmente una joven, que seguramente es tan apasionada de los postres como lo soy yo, me pregunta si como pasteles. Esta pregunta ya no la contesté con la velocidad y certeza que contesté las otras, en una fracción de segundo pasa por mi mente decir mentiras, sin embargo estoy a punto de decir la verdad cuando un joven grita desde atrás “¡diga la verdad!” y con esto más me convenzo a decir lo que debe ser, y con la misma satisfacción que contesté las primeras preguntas de manera negativa, contesto afirmativamente la última. Confieso que eventualmente sucumbo ante un pastelito que seguramente entre sus ingredientes incluyen leche y huevos. Sin embargo, mi satisfacción fue decir la verdad y presentarme ante todos como un ser susceptible pero, a mucho orgullo, en vías de desarrollo. No nací siendo vegetariana, no nací siendo protectora de animales, de hecho cometí muchas acciones que dañaron a muchos animales, pero la mayor tragedia no es habérmelos comido o maltratado, sino volverlo a hacer una vez que ya sé cómo protegerlos y cómo aferrarme a las alternativas que existen para suplir la alimentación a base de animales. Voluntariamente estoy inmersa en un proceso en el que he dejado de comer animales, no por salud, sino por convicción, y según Gandhi, esa es la base moral del Vegetarianismo. Hoy en día es muy fácil ser carnívoro porque la gente no tiene que salir a cazar a su presa para llevar alimento a su familia, ahora sólo tiene que ir al supermercado y comprar charolas de carne ya empacada y bien presentada….¡alguien ya hizo el trabajo! Aún peor, la gente compra la carne y ni siquiera imagina que hubo una vaca o puerco detrás de ese filete, y todavía más aberrante: solemos engañar y convencer a nuestros hijos para que la coman (al menos yo los engañé), ¿será que en el fondo de nuestro inconsciente sabemos que no está bien? Estoy segura si tuviéramos que matar con nuestras propias manos a la vaca, o al menos supiéramos el sufrimiento y maltrato que hay detrás de esa charola de filete, todos seriamos vegetarianos. Desgraciadamente es muy cómodo ser ignorante, es muy cómodo ser frágil, es muy cómodo no usar el poder de uno mismo, ese poder que te hacer lograr las cosas, aunque cuesten tanto.
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Guatemala, Marzo 2010







