| EL SUICIDIO (2da. parte) |
| Guerrilla de Dios |
Guatemala, Marzo 2010Jaime Morales En mi anterior “Guerrilla de Dios” empecé a desarrollar el tema del suicidio, forma de muerte que ha estado en la boca y, por ende, en el pensamiento de muchos guatemaltecos en los últimos días. En la ocasión anterior expuse los casos del Rey Saúl y de Ahitofel. A continuación presento los otros dos casos de suicidio que aparecen en las sagradas escrituras… ZIMRI – El tercer suicida que menciona la Biblia es Zimri, y el diccionario bíblico, dice de este personaje: “Quinto rey de Israel, cerca del año 876 A.C. Zimri asesinó a su señor durante una borrachera en casa de Arsá, su mayordomo, en Tirsa; exterminó toda la casa y se apoderó del trono, pero no pudo sostenerse, pues, después de siete días de reinado, fue reemplazado por Omri. Entonces Zimri, encerrándose en el palacio real, le prendió fuego estando él mismo dentro, y así murió. Y dice la Biblia: “Mas viendo Zimri tomada la ciudad, se metió en el palacio de la casa real, y prendió fuego a la casa consigo; y así murió” (1 Reyes. 16:18). Pero, ¿por qué se suicidó Zimri? El versículo siguiente nos lo aclara: “Por los pecados que había cometido, haciendo lo malo ante los ojos de Jehová, y andando en los caminos de Jeroboam, y en su pecado que cometió, haciendo pecar a Israel” (1 Reyes. 16:19). Los pecados que usted y yo hemos cometido tienen solución, pero si rechazamos esa oportunidad que Dios nos ofrece, Satanás muy pronto ofrecerá la suya – el suicidio. Dios promete perdonarnos y restaurarnos, pero Satanás trata de convencer a sus víctimas que para ellos es mucho mejor la muerte que la vida. Por más que busque en la Biblia a un suicida aliado de los hijos de Dios, no lo hallará. Todos cuantos se suicidaron entre los personajes bíblicos, conocieron a Dios, tuvieron la oportunidad de servirle, arrepentirse y corregirse, pero no lo hicieron. Por el contrario, algunos fueron criminales y mataron gente a sangre fría. Hay una gran diferencia entre un pecador que tiene la oportunidad de reconciliarse con Dios, y un pecador que cierra todas las puertas. JUDAS ISCARIOTE – Vamos a citar dos pasajes bíblicos que detallan el final de este individuo que también acabó su carrera suicidándose: “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de planta a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó (Mateo. 27:3-5). “Éste, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron” (Hechos. 1:18). Judas conocía muy bien al Señor, tuvo todas las oportunidades para ser salvo, pero de manera deliberada optó por la traición sin creer nunca que su carrera terminaría en el suicidio. Antes de optar por el suicidio, cada hombre y cada mujer deberían detenerse por un momento y reconocer que el cuerpo que tiene no es de su propiedad, sino que es sólo la habitación, el lugar en que viven. El cristiano debe recordar siempre que su cuerpo es morada del Espíritu Santo. Jesús habló de esto cuando dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan. 14:15-17). Pero, ¿será posible que el Espíritu Santo que habita en el cuerpo del cristiano no pueda evitar que éste lo destruya por medio del suicidio? A este respecto dice la Biblia: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan. 4:4). Ese “mayor... que está en vosotros”, que habita en nuestro cuerpo, es el Espíritu Santo y él jamás permitirá que un redimido termine su carrera suicidándose. El Espíritu Santo consuela, fortalece, ilumina, acompaña, protege y nos ayuda en los momentos de desesperación o carga. Creo que el pasaje más severo contra el suicidio, es este de 1 Corintios 6:19,20: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. Este pasaje destaca dos cosas: (1) Que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo; (2) Que no nos pertenece porque fue comprado con el alto precio de la sangre de Cristo. Si alguien se atreviera a quemar, a destruir o hacer lo que fuera para acabar con un templo, lo llamaríamos sacrílego, porque diríamos que ha tocado la propiedad de Dios. Sin embargo, el verdadero templo del Señor, su verdadera propiedad, es nuestro cuerpo. De ahí que quien se suicida es peor que un sacrílego, porque destruye la habitación potencial del Espíritu Santo. Digo “potencial” porque estoy convencido que los hombres o mujeres regenerados nunca llegan a ese extremo, simplemente porque el Espíritu Santo que habita en ellos no se los permite. Quien está deprimido, acongojado, preocupado o frustrado, aun siendo cristiano, debe conocer los recursos que Dios tiene para tales casos. La oración es uno de ellos. La lectura de la Biblia. El conversar con alguna persona amiga de reconocido testimonio cristiano, sensible al dolor ajeno y dispuesto a socorrer. Una cosa que debe recordar, es que todo el mundo sufre de dolor, frustraciones o temor ocasional; de modo que usted no es el único cristiano que lo padece. Así ha sido siempre, por eso dice la Biblia: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, fortalezca y establezca” (1 Pedro. 5:6-10). Note bien que Pedro nos dice que debemos humillarnos delante de Dios. No tenemos que elevar nuestra autoestima, sino humillarnos voluntariamente. El cristiano camina seguro tomado de la mano de Dios, no tomado de una pistola, de un veneno, una soga o arrojándose desde un décimo piso. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Salmo 46:1-3).
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Guatemala, Marzo 2010







