| "EN LA MULTITUD DE CONSEJEROS HAY SALUD" |
| Guerrilla de Dios |
Guatemala, Junio de 2010Jaime Morales En las pasadas dos ediciones de Revista …Yqué? publiqué en este espacio mi opinión en torno al tema del aborto. Durante las últimas semanas he recibido muchos comentarios, en su gran mayoría provenientes de mujeres, respecto a este controversial tema, lo que me confirma lo compleja y sensible que resulta esta decisión. Entre todos los textos, recibí uno que llamó mucho mi atención por lo que le solicité, al Director Editorial de este medio, que no fuera publicado en el espacio de cartas de los lectores, sino que yo cedería mi espacio para darle difusión a la opinión de una lectora. ¿La razón para hacer esto?, que creo firmemente en que este tipo de temas deben ser abordados desde todos los puntos de vista posibles, no se trata de ufanarse de poseer la verdad absoluta, como comunicador y como seguidor de Jesucristo, me mantengo en el compromiso de contribuir, mediante diversas opiniones, la discusión de temas que afectan la espiritualidad del ser humano. A continuación presento el texto enviado por Mercedes del Pozo. No tomarás el Nombre de Dios en vano En este espacio pretendo plantear una pequeña reflexión, y alguna que otra pregunta a dejar sobre la mesa que me ha suscitado la lectura del artículo aparecido en la revista de la edición de abril, en el que se realiza una condena al aborto basada en una supuesta interpretación de la Palabra de Dios (digo esto tanto por el título bajo el cual se escribe como por las variadas citas bíblicas que se exponen como base argumental). Así mismo, quisiera exponer algunos datos concretos de la realidad de este país. Ver la realidad cara a cara, sin vendas que nos hacen cómplices, nos permite obtener criterios más claros para enfrentarla .Y somos cómplices de determinados hechos cuando, al mirar hacia otro lado, los fomentamos al permitir su existencia a la vez que los negamos, porque no querer ver es una forma de negar que son, y si no son, no existen. Y si no existen no hay nada que abordar. Sin duda, es más cómodo. Más simple. Pero una cosa es querer ser ciego, y otra es que la realidad no sea cual es. Así que para quienes quieran participar en complejizar un poco el debate, atendamos a los siguientes datos: El aborto es la cuarta causa de muerte materna en Guatemala (Prensa Libre, 9.04.10); de acuerdo con el análisis elaborado por el Centro de Investigación Epidemiológica en Salud Sexual y Reproductiva. En Guatemala se llevan a cabo anualmente aproximadamente 65 mil abortos inducidos, muchos de los cuales provocan hemorragias severas, que terminan con la vida de, en las féminas que se los practican Ibídem. De acuerdo con los datos oficiales del Ministerio de Salud, estas son las escalofriantes cifras de partos en adolescentes en el año 2009: 41.529 casos en edades comprendidas entre los 10 a 19 años. Así, destaco entre ellos los casos en niñas de 10 años (9 casos); de 11 años (19 casos); de 12 años (68 casos); de 13 años (301 casos); de 14 años (1.204 casos). A nadie se le escapa que las niñas no quedan embarazadas por voluntad propia. Con esto en mente, tres son las cuestiones concretas que quisiera dejar a las lectoras y lectores para que cada quien se las responda con la libertad que da el amparo del silencio: La primera cuestión es acerca de si cada persona, hombre o mujer, es dueña o no de su cuerpo, de su ser y de su vida, y por tanto de las decisiones que le competan en relación a su cuerpo, a su ser y a su vida. Y también acerca de dónde queda el respeto a la vida y a las decisiones de la otra persona. La segunda cuestión es referente a si es por cuestiones religiosas por las que se considera, por parte de algunas personas, que la vida humana lo es desde la unión de dos células (óvulo y espermetazoide). Y también acerca del respeto a las creencias de las personas, o si sólo respetamos aquéllas que coinciden con las nuestras. La tercera cuestión giraría alrededor de la inocencia, y de si son inocentes, las niñas que resultan embarazadas, aquellas mujeres violadas dentro o fuera del matrimonio que conciben contra su voluntad, o aquellas que abortan debido a violencia intrafamiliar. Y también acerca de si es inocente una sociedad inconsciente de estos hechos. La Fe, las creencias, la religión, es una opción libre de cada persona. Por tanto, nuestras opciones personales no deben ser impuestas sobre quienes nos las comparten. Y esto sucede, por ejemplo, cuando se califica de asesinas, en nombre de Dios, a quienes toman decisiones sobre su vida y sobre sus cuerpos. También quiero evidenciar el peligro de realizar condenas de este tipo en el Nombre de Dios (muchos desmanes se han cometido y se cometen a lo largo de los siglos en Su Nombre) dado que sólo crean más diferencias entre hombres y mujeres, y perpetúan la estigmatización de aquellas mujeres que toman decisiones en contra de la corriente preponderante, lo que sin duda engendra más violencia en un país sobrado de ella. Pero un par de cosas me han quedado muy grabadas de mi educación religiosa, católica por más señas: la primera, que Dios es Amor, en toda su extensión, y no es Él quien nos condena, sino nosotras y nosotros mismos. Y la segunda es su Segundo Mandamiento, tal vez por la cantidad de veces que al día oigo hablar en Su Nombre a personas que se atreven a interpretar Su Voluntad, con una alegría tal propia de quien se emborracha de sí mismo. Mercedes del Pozo Respuesta: Cabe aclararle a Mercedes que yo tampoco comparto el promover un discurso de condena hacia ninguno, mujeres y hombres, mi Dios es, definitivamente, un Dios de Amor. No es sólo Jaime Morales, ni sólo la iglesia protestante, ni sólo la iglesia católica, los que estamos en contra del aborto, existe una consternación generalizada en torno a ese acto. Y si bien, abiertamente condeno las violaciones, esto no significa que avale el aborto como solución. Sin embargo, creo firmemente que parte de la responsabilidad que conlleva el libre albedrío, es también el conocer las diferentes consecuencias que pueden llevar nuestras decisiones. Sería ingenuo pensar que promover la práctica del aborto como una solución a esos flagelos sociales tendría como resultado un cambio social positivo, en esa misma línea, cabe preguntarse de esos 65 mil abortos inducidos que usted menciona, cuántos fueron derivados de violaciones y cuántos más fueron practicados a partir del arrepentimiento de una actividad sexual irresponsable. El dominio y la responsabilidad sobre nuestro cuerpo comienzan antes de la actividad sexual. Por supuesto que las menores de edad que sufren un embarazo involuntario no son culpables de ello, pero la solución a ese problema no radica en la práctica del aborto, radica en una reforma a nuestro sistema de justicia, y esencialmente en un cambio de pensamiento y una revolución espiritual. Para terminar, mi deseo no es el de condenar ni estigmatizar a las mujeres que deciden abortar, simplemente es invitar a la reflexión en torno al tema, consciente de que tanto las corrientes de pensamiento que defienden la decisión de abortar como una opción personal, como aquellas opiniones, similares a la mía, que hacen un llamado a considerar cuidadosamente la posibilidad de estar acabando con una vida, ambas nutren el criterio del ser humano para poder tomar mejores decisiones que contribuyan a su propio crecimiento personal. Por eso dice la palabra de Dios, “en la multitud de consejeros hay salud”, Proverbios 11:12.
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Guatemala, Junio de 2010







