| MUJERES INDÍGENAS YA NO QUIEREN MACHISTAS |
| Linaje |
Etznab Tijax La Defensoría de la Mujer Indígena, DEMI, falla en mucho, principalmente en su cobertura; a pesar de que debería estar en todos los departamentos, apenas cuenta con seis oficinas regionales, además de la central que se ubica en la zona uno capitalina. Como suena bonito oír que nuestras mujeres mayas tienen un ente que las defiende, protege y ampara; me di a la tarea de averiguar qué hace la DEMI, bajo la sospecha de que es sólo otra organización decorativa u otro canal para que unos cuantos hermanos y hermanas hagan sus fichitas con la bandera de la interculturalidad y los derechos de los indígenas ─ como ya ha pasado ─. Yo no estoy en contra de nadie, porque peor es no hacer nada; a lo que voy es que ojalá se haga algo a favor de estas mujeres que han sido ignoradas por el gobierno, por la sociedad, por todos nosotros y hasta por los mismos hombres indígenas. Pues bueno, encontré que la DEMI tiene entre sus atribuciones “promover y desarrollar propuestas de políticas públicas, planes y programas en beneficio de las mujeres indígenas”; que bonito se oye, pero ha de ser sólo eso, planes… Además está “canalizar las denuncias” y “proporcionar asesoría jurídica a mujeres indígenas”; esto está más interesante, pero primero habría que promover la cultura de la denuncia, porque actualmente es casi inexistente; y no sólo las indígenas, sino las mujeres en general, prefieren callar. La DEMI también “diseña, coordina y ejecuta programas educativos, de capacitación y divulgación de los derechos de las mujeres indígenas”, aquí es donde creo que hacen un poco más, aunque trabajo es lo que les sobra. Y a todo esto, estos días, las encargadas de la oficina regional de Quetzaltenango y Huehuetenango, cada una por su lado, han estado convocando reuniones donde han invitado a diferentes personalidades, y en una de ellas, no podía faltar su servidor. Interesante información la presentada, sobretodo, de sus esperanzas de cambiar el escenario para las mujeres indígenas, aunque en medio de todo, lo que llamó poderosamente mi atención es que ellas, las mujeres indígenas, ya no quieren hombres machistas, porque han identificado y reconocido que ellos, los machistas, son quienes las han limitado, encerrado y vedado el derecho de participación comunitaria y social. A mí me parece interesante, pero la tarea no es de nadie más, sino que de ellas mismas, porque las mujeres mayas instruyen a sus hijos en un ambiente machista, donde, por ejemplo, no cocinamos, porque eso es tarea exclusiva de las mujeres. Nos han enseñado que hay tareas exclusivas para las mujeres y otras para los hombres, y cuidadito si las hacemos, porque “el hombre, es el hombre”. Creo que si no fuera machista, mi entorno y mi convivencia serían distintos, pero no, porque soy machista y no culpo a nadie, sino a la cultura donde crecí. Por eso, también estas organizaciones, como la DEMI, no sólo deben pensar en velar por los derechos de las mujeres, sino por liberarlas de las ataduras culturales que las siguen castigando de generación en generación y que, finalmente, no les permiten convivir como esperan y añoran.
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