| LOBO ERRANTE |
| Linaje |
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Este puesto no existía, se lo fumó, es decir, se lo inventó el actual mandatario para de alguna forma responder a nuestra exigencia de ser incluidos en el “gobierno de los pobres”. A Colom hay que recordarle, porque parece que se le olvida con frecuencia, que quienes lo hicieron Presidente fuimos los mayas, los del Suroccidente guatemalteco; región habitada por 15 distintas comunidades indígenas, de las 21 existentes en el país. Aquí Colom le sacó 21 puntos de ventaja a su rival, en las elecciones pasadas. Por qué me permito el recordatorio al señor Presidente, porque no pasó de un desconocido indígena en su gabinete, al de Cultura, Jerónimo Lancerio, quien sin pena ni gloria pasa sus días en el puesto. El clamor de mi pueblo, de ser incluido, no ha tenido eco –y creo que no tendrá hasta que el Presidente sea de los nuestros, no que diga que está con nosotros; como el Evo Morales, en Bolivia-, para ocupar cargos de primera línea en el actual gobierno, nos hemos quedado con unos viceministerios, como el que ocupa la señorona k’iche’ Virginia Tacam, en el Ministerio de Educación. Al menos es algo, pero no como esperábamos, a raíz de los ofrecimientos del entonces candidato de la esperanza. Pero bueno, esa es la realidad, y en medio de todo, me alegra mucho que el señor Pérez Oxlaj sea nuestro embajador, aunque lo que no mucho me agrada es que a estas alturas, como dos meses después de su nombramiento, no se sepa claramente qué esta haciendo o qué lo están dejando hacer. El papel de Embajador Itinerante de los Pueblo Mayas es de altura, literalmente, porque como lo dice el mismo cargo, estará de un lado para otro, como quien dice, ni de allá ni de aquí. Eso sí, representándonos a la mayoría de habitantes de Guatemala, es decir, a los indígenas. Entonces, señor Lobo Errante, aproveche, échenos una mano, ayúdenos, gestione a favor de los mayas; aunque Colom debería decirnos, públicamente, cuáles son las tareas, atribuciones y obligaciones de este embajador; así le exigimos y que nos cumpla, no vaya ser que éste sea otro lamentable puesto decorativo y folclórico. Lo cual nos decepcionaría si al terminar el período, nada de nada, y don Lobo aullando en las lomas de Totonicapán. Y ¿quién es don Ciri? No es político ni religioso, es nada más ni menos que un guía espiritual maya que está por cumplir 80 años de vida, a quien ya lo han reconocido por su lucha para conservar los bosques de los 48 cantones de Totonicapán. Y si le queda duda de su nivel, no en vano fue invitado por el entonces Juan Pablo II, para que visitara El Vaticano. Ese es nuestro embajador. Apoyémoslo.
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Etznab Tijax







