| UN PRESIDENTE TERRIBLEMENTE SOLO |
| DANILO ROCA OPINA |
![]() Guatemala, Junio 2009 Un presidente solitario navegando en cayuco, en medio de un mar cercano totalmente gris y, uno próximo, tempestuoso y lleno de tiburones con factura en la aleta. Escribir sobre los sucesos que han colapsado al país en los últimos días, sería repetir la interminable nota que finalmente distorsionó la sinfonía que a los oídos del equipo de gobierno, magistralmente interpretaban en sonora y perfecta armonía. El asesinato del licenciado Rosenberg, vino finalmente a evidenciar que la partitura y los músicos desafinaban no sólo en conjunto sino cada uno en las responsabilidades de su propio instrumento. Nunca antes, hasta ese momento, el director de la orquesta pudo darse cuenta que estaba rodeado de manera abrumadora por incompetentes, que para disfrazar su incapacidad han apelado a una forzada lealtad, con efecto inverso, movilizando sectores clientelares, que frente a cualquier análisis serio e imparcial, lucen penosamente manipulables a la luz de una convocatoria gubernamental. Un presidente solitario lidiando con el contrapeso de su propio equipo, sumado al peso de una opinión pública hostil que busca ansiosa la respuesta ecuánime y sensata del estadista en lugar de la arenga del agitador. Un presidente en soledad absoluta, nadando entre círculos acuosos carentes de materia gris. Escuchando el eco de sus propias tribulaciones magnificadas por los coros, que de un círculo próximo a otro, sólo son cajas de resonancia, en la lógica de un oportunismo que sumado a la profunda oscuridad de la ignorancia, les dicta que es rentable decir lo que el presidente en su angustia, quiere escuchar. Así es como frente a miles de estudiantes universitarios portadores de la modernidad de la comunicación cibernética masiva, competían personeros partidarios ante micrófonos y cámaras masticando chicle y diciendo haiga, haciendo honor a la más rancia e impecable moda vulgar y zabarandera. Un fiscal enanizado frente a la presión generalizada y un ministro de gobernación escondido en la curul de la interpelación, ignorando la turbulencia popular, haciéndose el sapo de dar la cara frente a su responsabilidad de identificar y capturar a cuanto responsable exista de la comisión de los hechos delictuosos. Rarísimo en un señor que disfruta de la exposición pública, pero en ese momento, estratégicamente jugando al hombre invisible que le cuide votos, por aquello de tener que regresar precipitadamente a la alcaldía de Villa Nueva. Un presidente solitario, sobreexpuesto a la vindicta pública, sin contar siquiera con la complicidad fraternal de su secretario más cercano, otro invisible que confía que la supuesta invulnerabilidad del presidente lo proteja a él, sin costo personal. Las fuerzas de su propia inteligencia civil y de seguridad parapetadas en la SAAS y la Secretaría de Análisis Estratégico prohijando informes optimistas o catastroficos, a su mejor interés, rivalizando con una estructura militar inmovilizada por temor a los despidos procedentes de jerarquías ajenas a la institución armada. Un presidente solitario apretado en medio de una multitud de aduladores defensores del chance que nunca pensaron alcanzar por su propio crecimiento político o profesional, y que lo mantienen por su capacidad de tolerancia a las descalificaciones, regaños y a veces insultos, impropios de sus jerarquías institucionales. Un presidente solitario desde el principio, porque todos a su alrededor lo hicieron parte de su estrategia particular, pero nunca han sido parte de la estrategia presidencial. Y aún ahora, con sindicados como autores materiales del crimen más sonado, con procesos de investigación perpetua que sopesan la institucionalidad versus la culpabilidad y estructuras judiciales más preocupadas en adecuar su participación en los procesos, como medio de garantizar futuras posiciones, que en hacer valer el peso solemne de la justicia y la ley, el presidente seguirá siendo el más visible. El único visible, el visible más señalado, el visible más apetecido, el único visible en aquella inmensa masa de tonos grises, de pálidas luces y permanentes competencias de ineptitud, de medidas sin medida, de inteligencias sin IQ. Y en medio de toda esa tragedia, un sistema de partidos políticos más interesado en cotizar su lealtad a la institucionalidad para pasar factura a la caja de casa presidencial, que en depurar las instituciones democráticas. Viendo en cada nuevo tropiezo o escándalo, una nueva mina de recursos para las campañas del futuro. ¿Cuánto costaría defenestrar al presidente en el Congreso S.A.?¬ Frente a esa alternativa quienes quisieran verlo fuera, estoy convencido no reunirían tal cantidad, y en el caso del presidente, seguramente preferiría renunciar. Frente a esa patética realidad, concluiremos que, aún teniendo presidente, tendremos un presidente más solitario y un pueblo sin presidente.
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