| UN TUERTO QUE SE VOLVIÓ REY |
| DANILO ROCA OPINA |
Guatemala, Febrero de 2010Danilo Roca No cabe duda que el señor Castresana controla con especial maestría el manejo de su imagen. Con el eficiente soporte de una compleja y comprometida maquinaria mediática, ha logrado eclipsar a quienes como contrapartes nacionales estarían llamados a recibir su asesoría en la implementación del convenio suscrito con Naciones Unidas para fortalecer nuestro sistema de justicia. ¡Prácticamente los ha borrado!
Esto se proyectó en la realidad concreta como una suplantación total de aquellos personajes que teniendo la responsabilidad institucional de ejercer el mandato de su esfera de acción y competencia, se rindieron incondicionalmente al influjo del comisionando internacional. Que donde pone pie, camarógrafos y reporteros al canto, reduce a sus anfitriones a la mínima expresión, regañándolos, ridiculizándolos y exponiéndolos cotidianamente, a la puntilla ingrata pero eficaz, de someterlos a una opinión pública, sobre todo urbana, que como en el circo romano, o la plaza parisina de la Bastilla, reclama como retribución a sus frustraciones colectivas, la cabeza de un nuevo funcionario cada día.
Jueces y magistrados empujados por esas tensiones y presiones, dispuestos a retorcer la ley, funcionarios y dignatarios en permanente e indigna genuflexión, por el temor al escarnio público de quienes encontraron en este señor, un instrumento para deslegitimar enemigos políticos y apuntalar sus propósitos estratégicos para tomar el poder sin exponerse en la lucha política electoral. Un funcionario internacional que conciente o inconcientemente, llamado dentro de sus expectativas a enfrentar a grupos paralelos, en manos de una corriente que abiertamente lucha desde la periferia de su gran influencia económica y mediática por copar todos los niveles del poder político, haciendo acopio de los inmensos recursos a su alcance, que finalmente lo transforma el grupo paralelo más influyente e impune del país. Sumarlo a él dentro del equipo, ha constituido su logro más importante en los últimos dos años. ¡Llamado a denunciar y contribuir a desmantelar grupos paralelos, finalmente presa del más poderoso! Todavía recuerdo con profunda vergüenza como un periodista de la televisión, con suficiente prestigio como escritor y poeta, preguntaba al comisionado con una cara en paroxismo orgasmático, si aceptaría ser candidato presidencial de Guatemala. Lo oía y me resistía a creer lo que escuchaba. Un guatemalteco responsable de un noticiero de televisión, haciendo una pregunta que entrañaba un obsceno desconocimiento de nuestra legislación constitucional o se prostituía frente a su audiencia, con una entrega asquerosa y fuera de lugar. Fue el interrogado que con magistral desplante de suficiencia se vio obligado a responder, poniéndole aparentemente en su lugar. Que eso era naturalmente imposible y que él no era político. ¡Qué pena! ¡Qué vergüenza! Recién leo en titular de prensa como noticia de especial relevancia y en primera plana, que el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, rebate la posición de Castresana. En ningún país civilizado del mundo enmarcado dentro de un Estado de Derecho, dicha controversia sería motivo de confrontación. Entendamos que el señor es un comisionado, un asesor, un consejero. ¡No está jerárquicamente sobre el Presidente de la Corte Suprema de Justicia! ¡Tampoco sobre el Presidente del Congreso Nacional!, lo mismo ¡Sobre el Presidente de la República!, ¡Es jefe de la CICIG y sus empleados, no el superior de los Jueces ni Magistrados, ni debiera ser el Fiscal de Fiscales sobre el Fiscal General de la Nación! Yo insté al Presidente del Colegio de Abogados a que se instale La Alta Comisión de Resguardo a la Institucionalidad y Gobernabilidad Democrática del Colegio de Abogados. Y en principio aceptó. Ojala muy pronto podamos contar con ese instrumento de legalidad moral que tanto necesita Guatemala. He recibido quejas de fiscales insultados por los proconsulitos de la Cicig, y de otros que a instancias suyas han llegado a redactar proyectos de sentencia para jueces sin personalidad, que para congraciarse con el poderoso sector que destruye honras y profesiones, acepta mansamente retorcer la ley con tal de mantener el cargo. Estoy a punto de presentar solicitud de antejuicio en contra de uno de esos jueces, que con experiencia en el ramo civil únicamente, acepto ser Juez Penal con consigna de conocer sin tener la competencia legal para semejante despropósito. Un payaso con toga de juzgador, respondiendo a la consigna de fiscales obedientes al mandato de sus patrocinadores. ¡Eso es asqueroso! Pero allí vimos al Fiscal General perdido en la galería de una escena, de la que era protagonista, borrado por el asesor, como su comparsa secundario. ¡Pero como se deja!, minúsculo e imperceptible, sin hacer olas, ni causar protagonismos innecesarios frente a la megalomanía del asesor, hoy aspira como premio continuar en el cargo y con él ese grupito de incondicionales, que se tragan los códigos y los transforman en heces fecales. Un viento con remolino impulsado por el Presidente de la Corte, me hizo reflexionar ¿Es tan bueno Castresana o tan malos los funcionarios que estaba llamado a fortalecer y asesorar? ¿Fueron ellos y su mediocridad los que se dejaron montar, o fue el abusivo que los montó aprovechando el respaldo de sus poderosos aliados? ¡No cabe duda Don Castresana se desenvolvió en un mundo de ciegos sin personalidad! ¡Siendo un simple tuerto, lo convirtieron en Rey! ¡Qué Vergüenza!
Márca esta página en tus favoritos
Postealo en tu perfil Social
Recomienda esta página
Comentarios (0)
![]() Escribir comentario
|

Guatemala, Febrero de 2010






