| LA JOJUANA Y LA MESA DE LOS DESEOS |
| Leyendas de la Nueva Era |
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Josefa Juana, era una mujer sufrida, fue abusada en su niñez, abandonada por su esposo y padecía de alteraciones sicológicas. Los que la conocían se quejaban de su mal carácter y comentaban en secreto lo incómodo de su mirada profunda. Los vecinos decían que tenia ojos de otra cara, y que dentro de ella vivía alguien que espiaba por la ventana de sus ojos. Un día, cuando Josefa Juana regresaba del mercado, el más pequeño de sus hijos se le acercó y le dijo: “Mami, mami, ¿por que te levantas a la media noche?, ¿por que vienen esos señores de negro y esa mujer tan seria?, ¿Por qué mi padre ya no nos visita? Y mamita, el otro día me preguntaron en el colegio sobre tu trabajo, dime mamita ¿en que trabajas?” Josefa Juana se quedó fría frente a su pequeño hijo, la inocencia de esas preguntas la aterraba pues dentro de si estaban escondidas las respuestas y sabía que el pequeño no estaba listo para conocerlas, él no entendería la verdad sobre la herencia maldita que corría por sus venas.
La maldición de Josefa Juana se inició hace muchos años, cuando era todavía una quinceañera y jugando con un gato recibió un aruño profundo en el rostro, ante éste ataque, Josefa Juana ardió en ira en contra del pobre animal que sólo había actuado según sus instintos. Sangrando, huyó a su casa y allí la abuelita le limpió la herida y la mandó a acostar, pero Josefa Juana tenía odio en su corazón y no logró conciliar el sueño, durante toda la noche imaginó al gato morir de mil maneras y se convenció que el gato debería morir cocinado. A la mañana siguiente, un grito espantoso y ensordecedor se escuchó desde la cocina, la abuela corrió al lugar y encontró a la sirvienta desmayada en el piso, se acerco lentamente a la estufa y vio que dentro de la olla de frijoles estaba muerto el gato que había aruñado a Josefa Juana. Al ver esto, corrió a habitación de su nieta y le preguntó: “¿Cómo deberíamos castigar al gato que te lastimó? Y la joven respondió sin dudarlo : “Que muera cocido lentamente en una olla, para que pague por su atrevimiento” La abuela se sentó en la cama y viéndola a los ojos le dijo: “tu deseo se ha cumplido, el gato murió, creo que ha llegado la hora de que asumas tu destino”. Josefa Juana, vivía sin saberlo en una familia de brujas, en donde la ambición perversa de sus ancestros habían fijado un pacto de sangre y muerte con el mas oscuro de los espíritus del infierno, el entregó “el poder de los deseos” a la primera bruja en su línea y ahora le llegaba el turno a Josefa Juana de entrar al círculo maldito de la mesa de los deseos. Ese círculo del deseo era conformado por mentalistas perversos, que noche tras noche se reunían frente a una mesa para visualizar la destrucción de los mortales, que eran un estorbo para sus clientes o un estorbo en sus vidas. Josefa Juana creció visualizando el mal, imaginando tragedias, planeando el dolor ajeno, gozándose en el mal y ganándose la vida haciendo realidad el odio ajeno. Las preguntas de su hijo la confrontaban con su destino, pues lo que ella hacía cada noche era levantarse para meditar, rumiar y planear el dolor ajeno. Las personas que su hijo veía entrar a su casa eran brujos mentalistas que compartían el poder en la mesa de los deseos y lo más cruel era que ella no podía explicarle a su pequeño la razón de la ausencia de su padre pues ella misma había deseado su muerte. A Josefa Juana se le conocía en el bajo mundo de la hechicería y el crimen organizado como LA JOJUANA, mujer de bajos instintos que haría lo que fuera por la plata. Mientras la Jojuana meditaba en las preguntas de su hijo, una idea le llegó a la cabeza y tomando las manitas del niño le contestó: “En las noches me levanto a trabajar, esas personas que me visitan son mis socios. Tu papito se fue pues no podía entender mi trabajo y yo lo que hago es ayudar a la gente a que sus deseos se hagan realidad, dile a tus amiguitos del colegio que tu mami trabaja cumpliendo deseos” El niño no pudo entender, sólo aceptó humildemente y se alejó a jugar, mientras él caminaba, la Jojuana pensó: “Ya pronto será su turno y yo podré entregar mi alma al espíritu del mal”. La mesa de los deseos ha tomado la vida de muchos, se ha prestado para romper hogares, empujar ambiciones, provocar suicidios, fomentar vicios y entorpecer razones. Su poder es como el de una red de multinivel, pues se multiplica a cada instante y solo se detiene cuando quien es afectado se enfrenta con ellos en su mismo terreno. Hoy son más las victimas que los guerreros… y usted amigo lector ¿está seguro que es dueño de sus pensamientos?
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Guatemala Enero de 2009







