| MORIR POR HAMBRE |
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Guatemala, Septiembre 2009“La muerte por hambre es un genocidio silencioso” – Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación Cultura de Paz Chanok Hace algunos días leí un editorial de El Periódico cuyo título me provocó escalofríos: “Mi familia tiene hambre”. Esta trágica frase representa el mensaje en la boca de millones de guatemaltecos que se encuentran desesperados por no tener como proveerles a sus hijos un plato de comida. No puedo concebir, ni siquiera por un momento, enfrentarme a la cara de hambre de un niño débil y no tener nada que darle para aliviar su pena. Eso es el anuncio de la muerte en una de sus más crueles expresiones. No puedo tan siquiera imaginar el dolor, la desesperación que sufren esos padres que no tienen como darles de comer y beber a sus hijos, es un estado crítico que empujaría a cualquiera a robar e incluso hasta matar con tal de alimentarlos. Aunque muchos sectores pretendan negarlo, es un hecho que la pobreza y el hambre son detonantes del pensamiento delictivo. Recuerdo muy bien las palabras del Federico Mayor Zaragoza, Presidente de la Fundación Cultura de Paz, antes de impartir la conferencia inaugural del Seminario Internacional sobre Derecho a la Alimentación y Soberanía Alimentaria, celebrada en Córdoba, España, en el 2007. Sus palabras fueron tan duras como certeras, calificó de “vergüenza colectiva” la situación del hambre en el mundo: “cómo puede ser que mueran de hambre al día 60.000 personas y nosotros estemos en una especie de fortaleza en la que decimos que todo va muy bien y nos sentimos satisfechos". Asimismo, criticó el gasto mundial en armas "que es de 3.000 millones de dólares al día", cuando la mayor “arma de destrucción masiva es el hambre”. Zaragoza indicó que "la culpa de las muertes por hambre la tienen los países prósperos que, en lugar de ayudar, como se había prometido en 1974 en la Asamblea General de la Naciones Unidas, donde se prometió la donación del 0,7 por ciento del PIB, han prestado". Si bien, es un problema mundial que debe ser combatido por toda la humanidad que se encuentra arriba de la línea de pobreza, en nuestro propio país existen mucho camino por recorrer, tanto a nivel colectivo como individual. Eliminar el consumo desmedido y el desperdicio de alimentos, colaborar con los bancos de alimentos y otras organizaciones que trabajan en la distribución de alimentos no perecederos a comunidades que padecen hambruna, organizar ayunos de conciencia, realizar trabajo social voluntario, son algunas opciones para contribuir personalmente al combate contra el hambre. A nivel colectivo falta realizar mayor presión social a las autoridades para que regulen el desperdicio en el sector de alimentos y bebidas, así como fortalecer los programas sociales y la fiscalización de sus fondos. Tal vez algún día, si logramos hacer y mantener la conciencia del hambre que está matando a decenas de miles de seres humanos diariamente, podamos trabajar en conjunto para erradicar, de una vez por todas, el peor de los males generados por la misma humanidad. Es posible hacerlo si no descansamos hasta lograr que no muera un niño más por desnutrición severa, y que las 424 comunidades guatemaltecas afectadas por el hambre encuentren en el resto de la población, una mano para salir de la desolación. Es nuestra gorda obligación.
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Guatemala, Septiembre 2009







