| UN CUENTO DE REYES |
| RIP |
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Cuando un sueño muere…
Chanok
Una vez el reinado del Gavilán en la Tierra del Quetzal, cuando logró después de dos fuertes cruzadas, sentarse en el trono del rey. Sin embargo, la reina Gavilana, para sorpresa de nobles y plebeyos, demostró tener mayores ambiciones que ser la compañía del rey y soñó, con todas sus fuerzas, establecer algún día su propio reinado. A continuación, un relato que estuvo de boca en boca durante el pasado diciembre, una historia de divisiones familiares y pulsos de poder. Lo que empezó siendo un cuento de Navidad terminó siendo un verdadero cuento de reyes…
El reinado del Gavilán había empezado con un poco de esperanza, sin embargo, pronto se apagó en medio de un pulso de poderes gestado desde el seno de la familia real. Al inicio el Gavilán y la Gavilana habían mostrado un frente unido, ella trabajaría arduamente por el bienestar de los más pobres, la mayoría de habitantes, y él se dedicaría a manejar el resto; para lo cual cada quien trajo su propia rosca de “expertos”.
Al principio el Gavilán veía con buenos ojos las obras de su reina: la Solidaridad de la Gavilana, las Bolsas de la Gavilana, las Familias de la Gavilana, etc. Casi todos habían oído hablar de las maravillas de la Gavilana, y muchos eran los que desfilaban para echarse un taco en sus Comedores, desde el Gran Stephen, Embajador del Norte, hasta Juanito “el sequito”, un patojo chispudo que hacía mandados en el mercado. Por un momento, todos comieron tortilla.
Rápidamente los recursos del reino se agotaron, no alcanzaba la chamarra para todo lo que la reina disponía, y para colmo, la genta señalaba a sus “parientes incómodos”, quienes sin estar investidos realizaban negocios en el nombre del reino.
Cada vez era más evidente el deseo de la Gavilana, pero no fue hasta una última batalla en el Salón de los Padres de la Patria, cuando el Gavilán se topó con una fuerza contraria que no provenía de sus enemigos, sino de quien estaba a su derecha, o mejor dicho, a su izquierda. Fue hasta entonces, cuando el verdadero poder de la Gavilana se hizo palpable, pues hizo retroceder la iniciativa del propio Gavilán y movió a sus peones para quedarse con un presupuesto a la medida de sus famosas obras sociales.
La preocupación por un reino desfinanciado llevó al Gavilán a darse cuenta que la mayoría de sus batallas, eran derivadas no de sus propias ideas, sino de las ambiciones y visiones de su amada Gavilana; pensamiento que provocó una conversación secreta en lo más íntimo de la alcoba real…
- ¡Hasta aquí mi amor!, el dinero no alcanza y la bulla de las comisiones, que reciben tu hermana y sus hijas, no me deja gobernar en paz.
- ¡Ay, por favor!, no fregués mi Gavilancito bonito, si tus amigotes se están quedando con los melones más grandes, no tienen mística ni ideología. A ver, ¿quién de mi familia es más voraz que ellos?
- ¡Tu madre!, así no se puede hablar, y ya sabes que cómo me cuesta. Además, los del ala izquierda del Palacio, que son gente tuya, son mucho más traviesos que mis cuates, y en lugar de hacer su chance se ponen de alfombra.
- Yo solo quiero que la gente me quiera.
- Sí pues, si se nota, todos andan diciendo que querés mi trono. Pero para eso tenés que dejar de ser mi reina, mi esposa, mi amada…
Ante este comentario, la Gavilana no pronunció una palabra más, sólo le indicó con muecas de furia que se fuera muy a la… sala de abajo.
Y es así, como en vísperas de Navidad, se rompió la unidad entre el rey y la reina, dejando así un futuro incierto y un reino cada vez más dividido y condenado al trinquete, la trampa y el abuso.
Una noche extraña, en la que el rey duerme en el sofá del Palacio, mientras sueña con blancas palomas que eleven los tributos hacia un cielo verde, y la reina, desde sus aposentos, sueña con la humedad del “Reino de Las Torres”. Entre ambos sueños se cuela también, el sueño de Juanito “el sequito”, que anhela que su familia de veras progrese y que haya verdadera unidad y esperanza entre sus hermanos. Un sueño que sólo puede protegerse con trabajo, humildad, amor y mucha transparencia.
Tristemente, antes que se hagan realidad, uno de estos tres sueños morirá. Ya veremos quién despierta primero.
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Guatemala, Enero 2010







