| LA MUERTE DE WARK WEMINTON |
| RIP |
Guatemala, Marzo 2010Chanok Un sistema que abandona a sus hombres en la boca del lobo. El 30 de octubre del 2009, Wark Weminton, oficial del Organismo Judicial, se conducía en su vehículo por la zona 9 capitalina cuando en medio de una supuesta disputa por no cederle el paso al conductor de otro carro, este último le asestó un disparo en la espalda que le salió por el cuello. Parecía una muerte más entre las que ocurren a diario en este bendito país, pero el asesinato cobró relevancia cuando se dio a conocer que Weminton era el oficial a cargo del expediente del caso sobre la muerte del abogado Rodrigo Rosenberg; en aquel momento los detalles de la investigación no habían sido revelados y el asesinato hizo que cundiera el pánico entre los trabajadores del Organismo Judicial, a pesar de lo que declaraban los testigos, existía miedo de que alguien estuviera intentando silenciar a quienes estuvieran al tanto del caso político más trascendental de la última década. Por si la responsabilidad de tener en sus manos un caso de tal magnitud, no fuera suficiente carga para Weminton, éste manejaba el expediente relativo a la sospechosa muerte del periodista Hugo Arce, y el expediente que se llevaba sobre la masacre ocurrida en la aldea La Laguna, Río Hondo, Zacapa, caso en el que se procesa a nada más y nada menos que Luís Roberto Marroquín Sandoval y Roque Noé Franco, ambos miembros del cartel narcotraficante de Los Zetas. En la Agencia 05 de Vida, del Ministerio Público, se manejan bajo reserva total los detalles sobre las investigaciones realizadas en torno a la muerte del oficial Weminton. Pero más allá de la persona a la que conduzcan las investigaciones como responsable del asesinato, existe un culpable que seguramente cualquier diligencia hecha jamás señalará, pero que es tan culpable como aquel que disparó contra el oficial: el Organismo Judicial. Nuestro sistema de justicia es uno de los responsables de la muerte del oficial Weminton y de la inseguridad que rodea a cualquiera de los empleados del Organismo Judicial. Resulta preocupante ver como el Estado centra tanta carga y riesgo en un sólo hombre, y es que, con los casos que conducía, cualquiera pudo haber tenido interés en quitarle la vida, desde las redes de sicarios que se tejieron alrededor de la muerte de Rosenberg, o los responsables del asesinato de Hugo Arce hasta las mismas mafias del narcotráfico. Weminton había sido dejado solo en medio de la mismísima boca del lobo. Es tanta la culpa del Organismo Judicial, es tanta su negligencia, que sólo hay que detenerse a pensar en cómo un hombre que resguardaba tanta información se conducía por la ciudad sin seguridad alguna. Tres meses después de la muerte de Weminton, la Juez, Verónica Galicia, que llevaba el caso Rosenberg, pidió seguridad para su persona y para todo el personal del Juzgado Décimo de Primera Instancia Penal. La CICIG se había comprometido a brindarle la seguridad necesaria, pero la respuesta del Presidente del Organismo Judicial, Erick Álvarez, fue que brindar seguridad a jueces y oficiales era competencia del organismo y de nadie más. Así es, de nadie más. ¿Cómo se pretende que un juez o un oficial trabaje tranquilo e imparcialmente en un caso cuando sabe que a cada paso que de su vida corre peligro? ¿Cómo se puede asignar en un sólo hombre tanta y tan pesada información y cómo puede ser abandonado éste sin protección alguna en la misma cúspide del peligro? Si el asesinato de Weminton no fue sólo el resultado de una disputa de tránsito y si detrás de su muerte estuvo el narcotráfico o las redes de sicarios del caso Rosenberg, un claro mensaje fue enviado a cualquier oficial o juez del Organismo Judicial: “están desprotegidos y si alguien se hace responsable de los casos esto es lo que le puede ocurrir”. El mensaje fue claramente recibido pues el siguiente oficial a quién le asignaron los casos no quiso aceptarlos causando más demora en la resolución de los mismos.
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Guatemala, Marzo 2010







